Giuseppe Verdi (1813-1901). Compositor dramático italiano de raíz romántica, con una orquestación colorista, se dedicó casi exclusivamente a la ópera, de gran tradición en Italia. Llegó a convertirse en el símbolo del Risorgimento.
Giuseppe Verdi nació en el Ducado de Parma, en el pueblo de Roncole, en el seno de una familia de propietarios. Su madre, Luigia Uttini, contaba entre sus ancestros del siglo XVIII a varios músicos relevantes: dos sopranos, Brigida y Elisabetta (que estuvo en la corte de España), un tenor que llegó a actuar bajo la batuta de Mozart en Mantua, y un compositor, Francesco Antonio Uttini, que fue maestro de la Capilla Real de Estocolmo en 1767. Éste era primo hermano del tatarabuelo de Verdi.
Un dato curioso e inquietante del entorno de Verdi fue que cuando tenía tres años nació su única hermana, Giuseppa Francesca, que murió siendo una adolescente en 1833. Hay muy pocos datos sobre ella. Extrañamente, por un lado la familia de Verdi informó a uno de los biógrafos del compositor de un presunto retraso mental de la joven; por otro, el testimonio de Giuseppe Demaldè, amigo de la infancia, y que dijo que era “una guapa muchacha, con maneras excelentes y que prometía mucho”.
La gente de aquel entonces recordaba a Verdi como un niño flacucho, introvertido y solitario: “Un niño tranquilo, reservado, sobrio de expresiones y gestos, siempre alejado de las alegres y ruidosas pandillas de los niños de su edad, y que prefería quedarse en casa, solo o con su madre. Un aire de autoridad emanaba de él y, aún siendo muy pequeño, los demás lo consideraban como de otra especie”. Sin embargo, Verdi no se recordaba así de tranquilo, sino que en la escuela se dedicaba a repartir golpes, directamente, si le provocaban, para ser respetado.
Su afición y talento por la música aparecieron muy pronto. En la Italia de aquella época, la música era toda una pasión popular. El organista de la iglesia de su pueblo era también el maestro de la escuela municipal, con el que probablemente se inició en los primeros conocimientos musicales. Había multitud de músicos ambulantes por los caminos y aldeas, a los que Verdi seguía incluso temerariamente más allá de su pueblo, llegando a angustiar a su madre con esas desapariciones.
Su interés fue tan grande, que a los ocho años sus padres le compraron una espineta (pequeño instrumento de teclado, muy parecido al del clave) de segunda mano, que le hizo “más feliz que un rey”. Incluso llamaron a un reparador de órganos para que la restaurase. En un trozo de papel pegado a la espineta, dejó el operario esta significativa nota: “Los martillos han sido restaurados y recubiertos de cuero por mí, Stefano Cavalletti, y arreglé los pedales, lo cual he hecho de manera gratuita, así como mi trabajo en los martillos, en razón de las buenas disposiciones del joven Verdi para aprender a tocar este instrumento, lo cual bastó para satisfacerme completamente. El año de Nuestro Señor de 1821”. Éste instrumento, en el que empezó su aprendizaje espontáneo de la música, puede verse hoy en día en el Museo de la Scala, ya que lo conservó toda su vida.
También hay que decir que sus padres se preocuparon de que fuera a la escuela desde antes de los seis años, en aquella época una auténtica rareza, y que lo apoyaron siempre en toda su educación posterior.
Con diez años, el Verdi autodidacta hacía de organista sustituto en la iglesia parroquial. Con doce, ya se hizo con el puesto ganando su primer sueldo: 40 liras al año.
A los diez años, empezó a ir al Ginnasio (Instituto) de Busseto, a seis km de Roncole. Allí empezó a frecuentar la Biblioteca pública. En 1825 se inscribió también en la escuela de música de Provesi, estudiando armonía y composición. Se dedicó a trabajar el piano por su propia cuenta. Un día, a los trece años, tuvo que sustituir a un organista enfermo durante una ceremonia religiosa. El virtuosismo con el que tocó, improvisando como era la costumbre a partir de sus propias melodías, causó verdadera admiración.
La Sociedad Filarmónica de Busseto se fijó en él y puso a su disposición a toda una orquesta para estrenar sus pequeñas obras.
“Desde los trece a los dieciocho años escribí partituras muy variadas, centenares de marchas para banda y también centenares de pequeñas obras para la iglesia, el teatro y los conciertos privados, cinco o seis conciertos y variaciones para piano que interpreté yo mismo en conciertos privados, un gran número de serenatas, de cantatas, arias, dúos y numerosos tríos, así como varias composiciones religiosas de las que sólo recuerdo un Stabat Mater”. De todo ese material que nos relata el propio Verdi, nada ha quedado. Cuando maduró como artista, lo consideró sin valor y ordenó a su hija adoptiva Maria, antes de morir, que quemase todas esas partituras. Cosa que hiz
El aprendizaje de Verdi fue muy desordenado, poco escolástico y académico. Tuvo la suerte de encontrar un ambiente favorable tanto en su familia como en los estudios y nunca le negaron sus dotes, impulsándole en su carrera.
Verdi terminó sus estudios en el Instituto a los catorce años, a los dieciséis los de música. Pero llegado el momento de ir al conservatorio o a la universidad, resultó que sus padres pasaban por un momento económico muy malo, resultando que era todo un sacrificio para ellos que pudiera proseguir sus estudios. Llegados a ese punto, Barezzi, un comerciante admirador del joven Verdi, convenció a su padre para que solicitara una beca al Monte de Piedad de Busseto para que pudiera proseguir sus estudios en el conservatorio de Milán. Carlo Verdi accedió a renunciar a la ayuda de su hijo en el negocio familiar y pidió una beca en mayo de 1831 “de forma que pueda perfeccionarse en todos los campos del arte musical, para el cual ha mostrado ya disposiciones extraordinarias, tanto en la composición como en la ejecución”. Como la respuesta tardaba en llegar, Carlo se dirigió a la propia archiduquesa María Luisa para solicitar su apoyo. Finalmente, el Monte de Piedad otorgó una beca de 300 liras anuales durante cuatro años.
Barezzi tuvo que adelantar una anualidad y movilizó a sus amigos milaneses para que apoyaran a ese joven prodigio.
Gracias a su familia, amigos y diversas instituciones escolares y financieras, el talento de Verdi pudo empezar a dar sus frutos.
(Fuente: Ángeles Caso, Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio. Ed. Temas de Hoy, Madrid, 2001).